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Después de padecer 20 años de desencanto político, descalabro económico y severas desmejoras en la calidad de vida, la mayoría de los venezolanos debe cuestionarse con profunda seriedad el ejercicio del voto desde este momento y hasta lo que le quede de vida.

Por Lidis Méndez | Opinión

En las últimas dos décadas, cada año que transcurre es peor que el anterior, y uno supone que el año siguiente mejorarán las cosas, pero suponer no implica que eso suceda, y en nuestro caso, las mejoras no se dejan ver.

Después de seis meses de encarcelamiento por cuarentena, los escándalos de corrupción, el abuso de poder y la fractura de la oposición, es comprensible que el ciudadano común resienta el tema de lo político. El común de las personas puede entablar una conversación sincera y hasta amena de lo cara y difícil que es la vida en nuestro país, hasta que uno haga algún comentario sobre la política nacional.

Todos hemos batallado con la escasez de alimentos, gasolina, malos servicios públicos, inseguridad y aislamiento; aprendimos a economizar, almacenar, planificar, sustituir, reciclar y rehusar; si no hay gas usamos la cocinilla eléctrica, si no hay electricidad usamos la leña y si no hay leña nos acostamos sin comer, pero siempre pensando que mañana será un día mejor.

Pero el día mejor no llega, y tanto a la oposición como al oficialismo se le empieza subir al agua al cuello, porque todos los períodos para gobernar caducan, viva uno en dictadura o en democracia.

A la mayoría de las personas no le gusta saber nada de política, pero entiende claramente que “los elegidos” son los principales responsables de la crisis, y justo al final de cada periodo de mandato, es casi obligante tener que saber algo acerca de ellos.

Por gracia de los medios, se enteran en el mejor de los casos, que sus “líderes” no han hecho nada por el país; y en el peor de los casos ven atónitos como la ineficacia de los funcionarios agravó la crisis que ellos mismos generaron, que se han enriquecido ilícitamente y con el pasar del tiempo, se han tornado más corruptos, abusivos, peligrosos y mentirosos.

neralizar el argumento anterior, porque algunos políticos (aunque muy pocos) se esfuerzan por servir, mantener la cordura, coherencia y sindéresis en medio del convulsionado, pintoresco y escandaloso mundo de la política venezolana. Sin embargo, como jugando en el charco todo el mundo se salpica, es obvio que, para los votantes, candidatos y abstencionistas, los próximos comicios del 6D no pasarán desapercibidos, porque no existe una base constitucional para prolongar la vida de la Asamblea Nacional más allá del 05 de enero del 2021.

Con toda responsabilidad hago notar en estas líneas que el gobierno de un país, el destino de una Nación, no puede estar hecho a la medida de las elites políticas, el plan para rescatar a Venezuela debe estar hecho a la medida de los venezolanos. Toda persona con aspiraciones para postularse a un cargo de elección popular, debe responsabilizarse por participar de manera libre, justa y equitativa.

Debe estar preparado con antelación y adiestrar a sus simpatizantes para sortear las reglas del juego. ¿Tenemos 20 años luchando contra el populismo y la tiranía, pero aun no estamos eficazmente organizados para salir al ruedo electoral y conservar el Poder Legislativo?

La postura de la oposición es lamentable, pero la del oficialismo es inverosímil; los simpatizantes del chavismo tienen 20 años eligiendo líderes revolucionarios que se enriquecen cada día más a costa del sufrimiento, vida y vitalidad de uno de los países con más riquezas y recursos del mundo.

Cuando socialistas en general participen en las elecciones “libres e igualitarias” del 6D deben tener presente que en su pulgar también está el poder para cambiar el destino de Venezuela, que su dignidad y su derecho para sufragar es tan valioso como su conciencia.

Nunca es tarde para rectificar, este año ha sido bastante difícil para todos nosotros, tanto por el covid-19 como por el hundimiento de la economía. El año que viene no será mejor, ya que según cifras del FMI el producto interno bruto retrocederá a -15%, seremos más que pobres y debido a la magnitud de las sanciones, estaremos cada vez más aislados.

No sé qué porcentaje de la población participe o no en las elecciones de Diputados a la Asamblea Nacional, pero sí sé que en manos de ellos estará la vida del 30% de los menores de 5 años que sufre desnutrición crónica y retraso en el crecimiento. Ya lo dije anteriormente, de todas las crisis que vivimos, la peor es la política, cuándo no hay políticos funcionales, ¿con qué podemos sustituirlos? ¿Acaso la República puede reconstruirse con una oposición, abstencionismo u oficialismo ad hoc?

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