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Ewald Scharfenberg
@Ewalds6

El Deportivo La Coruña se fue endeudando más y más con Abanca. Ahora, recién descendido a la Segunda B, el equipo se puede convertir en el barril sin fondo para el banquero venezolano Juan Carlos Escotet, dueño de la entidad.

El Confidencial: Abanca se estrella en el césped: 105 M de agujero tras el descenso del Deportivo

El descenso del histórico Deportivo de La Coruña a Segunda B es, además de un duro golpe emocional para su hinchada, un serio problema para Abanca, principal acreedor del club y, desde este mes de agosto, su principal accionista. Más de 100 millones de euros se pueden colar por el agujero del desastre deportivo, ahora a merced de un poco probable arreglo en los despachos. Si no se produce, el banco heredero de las cajas de ahorros gallegas se habrá gastado 35 millones de euros en comprar un club con una deuda de otros 55 millones más intereses y que competirá en una categoría no profesional.

El compromiso de Abanca con el Depor se fraguó en distintas fases, con la esperanza de una recuperación en el siempre caprichoso terreno de lo deportivo. Se inició cuando el equipo estaba en Primera, en 2017, con un préstamo de 45 millones de euros que se depositaron directamente en las arcas de la Hacienda pública, liberando así al club de la obligación de satisfacer 9 millones anuales al fisco. Se abría un plan mucho más flexible de 15 años del que no se facilitaron más detalles, salvo que se iniciaría una carencia de dos años en caso de que el equipo descendiese. Y descendió.

Lejos de recuperar la Primera, el club coruñés cayó un peldaño más para sumirse en el pozo de la Segunda B, categoría semiprofesional que ni siquiera tiene garantizado el inicio de la competición. Poco antes de que eso ocurriera, el pasado diciembre, con el equipo al borde del abismo —iba colista de Segunda—, el banco que preside Juan Carlos Escotet subió la apuesta. Concedió un crédito participativo de cinco millones de euros, que permitió la renovación de plantilla y entrenador en el mercado de invierno, y anunció que convertiría esa cantidad y otros 30 millones en acciones del club. Pudo salirle bien, pero la pelota no entró y se queda como principal accionista (78%) de una entidad de viabilidad dudosa.

La crisis del covid-19

Si la situación ya se preveía grave, la crisis del covid-19 ha empeorado el panorama. Salvo que alguno de los recursos interpuestos por el club lo solucione —reclama permanecer en Segunda, como perjudicado por la azarosa jornada final en Segunda—, el futuro del club de Abanca pasa por una categoría en la que este año no se prevén ingresos de abonados ni taquillas. Apartado de los cuantiosos contratos televisivos de las categorías profesionales y bajo la amenaza de un aplazamiento e incluso suspensión de las competiciones no profesionales, el Deportivo debe hacer frente a 55 millones de euros deuda y 14 millones de intereses. Lo hará con unos ingresos ridículos, inferiores en cualquier caso al millón de euros anuales.

La estructura de las cargas económicas la expuso con todo lujo de detalles el pasado 5 de marzo el presidente del club, Fernando Vidal, cuando informó del acuerdo con Abanca. En ese momento era de 15,67 millones de euros de deuda concursal, otros 6 millones de débito ordinario, 6,58 más en otras deudas contraídas, 62,55 millones con Abanca y 14 millones de intereses. En total, 105 millones, de los que 98 se deben afrontar en los próximos 12 años. Con la ampliación de capital, el pasivo del club con su principal accionista se reduce a 27,55 millones de euros, pero el resto sigue intacto.

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