Spread the love

Medio millón de vehículos nuevos –incluyendo un número significativo de modelos chinos- se vendieron en Venezuela durante 2007, un récord impresionante considerando que en esa época el país tenía una población de 28 millones de habitantes.

Por Jeanfreddy Gutiérrez | Diálogo Chino

Poco más de una década después, casi no se ven autos chinos en las calles del país. ¿Qué sucedió?

Sube como palma, cae como coco

A comienzos de este siglo las ventas de vehículos en Venezuela estaban disparadas, según datos de la Cámara Venezolana Automotriz (Cavenez). Ya en 2004 Venezuela tenía un vehículo cada 10,4 habitantes, una cifra casi igual a la de Brasil (9,9) y muy superior a la de países cercanos como Colombia (17,8) y Ecuador (23,9).

Un programa de subsidios estatales y la alta disponibilidad de créditos bancarios, impulsados por políticas públicas para la adquisición de ciertos modelos de auto más baratos, dispararon la demanda de tal manera que los autos recién comprados subían de valor, por lo que era común revender para comprarse un modelo más nuevo. Las facilidades estatales para adquirir dólares subsidiados llevaron a que el 66% de vehículos que se vendieron en 2007 fueran importados.

Un estudio del investigador Lílido Ramírez de la Universidad de Los Andes estimó que el parque automotor superó los 5,2 millones de vehículos en 2008, un aumento del 113% en diez años, llevando al país a tener un vehículo por cada 5,4 habitantes. Ese estudio alababa la labor del gobierno del entonces presidente Hugo Chávez en crear millones de nuevos dueños de vehículos, lo que el autor pronosticaba sería parte del éxito electoral para las presidenciales de 2012, aquellas que Chávez ganó tras anunciar que tenía cáncer.

Esa realidad cambió a partir de entonces con la caída del precio del petróleo. Venezuela privilegió la importación de partes para ensamblar localmente, pero la industria ya se achicaba indeteniblemente. Cuando los precios del crudo se precipitaron más agudamente, la industria automotriz venezolana inició su desaparición. En 2014 apenas produjo un total de 8.508 vehículos.

La mayoría de plantas automotrices del país están hoy paralizadas por conflictos laborales derivados de la deuda de 3 mil millones de dólares acumulada entre 2012 y 2014 por la asignación preferencial de divisas subsidiadas.

La caída de los ingresos fue tal que Cavenez fue incapaz de financiar su página web, por lo que desde 2017 las estadísticas fueron brindadas por la Cámara de Fabricantes Venezolanos de Productos Automotrices (Favenpa). Ellos también terminaron tirando la toalla digital en julio de 2018, después de sufrir también la caída en la venta de repuestos y autopartes.

En total, el 43% del parque automotor -que ahora ronda las 4 millones de unidades- se mantiene inmóvil. El último dato disponible, que proviene de una nota de prensa, fue que entre enero y septiembre de 2019 se habían ensamblado un total de 321 autos.

Murallas y trampas burocráticas

Durante la época de abundancia, decenas de marcas chinas aterrizaron en Venezuela, tratando de conquistar un trozo de la creciente oferta. Modelos de Jonway, Haima, Gac, Gonow, Changan, Hawtai, Geely, JMC, BAW, Chana y Hafei, todas chinas, empezaron a aparecer en las entonces populares exposiciones automotrices.

Quince años después, sólo es posible ver algunos modelos de Geely, Chery y Chana en las calles. Compradores de otras marcas afrontan los retos de no tener representantes comerciales en el país.
La caraqueña Oriana Urdaneta compró una camioneta Zoyte que salió con defectos de fábrica. “Es un carro desechable, le suena toda la carrocería y tuve que hacerle el motor con 180 mil kilómetros a pesar que éste era Mitsubishi. Compramos repuestos de la marca pero el auto falla muchísimo”. Algo similar revela el odontólogo Mario Gualano de Maracay tras comprarse una ZNA. “Al poco tiempo de comprarla empezó a presentar muchas fallas, a pesar que sus partes son Nissan. Esos carros no sirven”.

En otros casos esas ofertas no se transformaron en realidad, porque se trataba de vehículos comprados de manera particular sin ninguna alianza comercial con China.

Un ejemplo de esto fue el rocambolesco caso del Concesionario La Venezolana, que durante 2013 fue denunciado por estafar a 6 mil personas, a quienes había prometido entregar vehículos chinos de las marcas Zotye, Brilliance y Kawei. Las únicas 98 unidades que llegaron al país terminaron en manos de instituciones públicas, mientras los afectados siguen sin recibir respuestas a pesar que obtener una sentencia favorable por el Tribunal Supremo de Justicia en agosto de 2019.

Para tratar de sortear la vertiginosa caída de producción de vehículos, el ex presidente Hugo Chávez apeló a la alianza que había establecido con China desde los primeros años de su gobierno, por lo que se firmaron convenios para instalar ensambladoras de las chinas Chery y Dongfeng así como Venirauto, una empresa mixta con Irán.

Aunque las relaciones con China datan de 1974, Chávez planteó un acercamiento militar, político y técnico inédito, incluso para Latinoamérica. Esto llevó a la compra no sólo radares, aviones y tres satélites a China, por medio de sucesivos préstamos que para 2016 se estima alcanzaban los 45 mil millones de dólares en el llamado Fondo Chino-Venezuela.

Y aunque los montos, condiciones y acuerdos establecidos entre China y Venezuela están bajo la sombra de la opacidad, Beijing se ha mostrado reticente a extender nuevas líneas de crédito y ha solicitado a Caracas un aumento en las exportaciones petroleras, aunque Venezuela ya es su cuarto mayor proveedor de crudo.

En 2010 Chávez realizó un recorrido en la planta de Venirauto, apenas meses antes de reunirse en Caracas por novena vez con el entonces presidente iraní Mahmud Ahmadineyad, lo que muestra la importancia geopolítica que daba el gobierno de Venezuela al tema automotor.

Siga leyendo en Diálogo Chino

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *