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Si se quiere hablar de una mujer disonante en la política colombiana hay que mirar a Piedad Córdoba. No solo porque irrumpía la uniformidad de un Congreso de tonalidades grises y negras, llevando un mensaje no verbal con su ropa -especialmente con su turbante de muchos colores-, sino también porque fue una mujer de contracorriente y de un pensamiento de avanzada en una Colombia de los 90 que era tímida en hablar de derechos reproductivos, relaciones homoparentales, negritudes y paz negociada.

Por: Natalia Tamayo – EL ESPECTADOR

En los días pasados, la antioqueña dijo públicamente que se retira de la política luego de un 2018 que le trajo más desengaños que certezas. El Espectador habló con la exsenadora sobre lo escarpada que fue su participación en la democracia del país como mujer afro y cómo observa al país en estos momentos. Eso sí, advirtió que su voz no se silenciará.

Han pasado dos años desde las elecciones presidenciales y hasta ahora le comunica al país su retiro, ¿qué la motivó a hacerlo ahora, pues parece que es una decisión tomada hace rato?

Obviamente no fue una decisión de la noche a la mañana. Mi experiencia fue muy enriquecedora, pero a la vez muy lamentable. Y los últimos años de mi carrera, que fueron muy violentos para mí, como la inhabilitación y la campaña de desprestigio, de odio, de desfiguración de mi carácter como política, me pusieron a reflexionar y entendí que pudo más esa campaña que el país me escuchara las propuestas. Bajo esa lógica, dije que no valía la pena estar en una política tradicional en la que se me hace difícil participar en un sistema electoral que no da garantías, que es nefasto y poroso, y que está secuestrado por un poder en lo local, regional y nacional, con coadyuvancia de grandes medios de comunicación. Además, me di cuenta de que también la política alternativa tiene sus vicios y estratagema de marketing electoral y político. La suma de esto, y que estar en la oposición es estar fuera de la ley, anuncié mi retiro, pero mi renuncia no implica que dejaré la batalla de las ideas, de seguir escribiendo y aportando mi experiencia para el país.

Cuando habla de que a nivel nacional, regional y local se tomaron el poder, ¿a qué maquinarias se refiere?

Esto nos sirve para advertir lo que ocurrió en los últimos años en Colombia. Un Frente Nacional que se abrogó el derecho a la participación, la representación y la repartición del Estado no como un derecho de la sociedad, sino de las castas y élites políticas. A esto le antecede el asesinato de Jorge Eliécer Gaitán que habría sido un factor determinante en la transformación de la sociedad. Más adelante, sucede la captura del Estado por las mafias del poder aupadas en el paramilitarismo y el narcotráfico. Eso ha dado cuenta de lo que hemos venido viviendo en los últimos años.

Habla también de su inhabilidad, ¿qué ha sido lo más difícil para usted en todos estos años?

Para una mujer como yo, que controvierto, que soy afrodescendiente, es muy difícil hacer política en este país. No solo fue la inhabilitación, también fue mi secuestro, un episodio muy duro en mi vida, la desaparición de mi hija durante casi cinco años, el recuento de votos en el Senado para que saliera del Congreso en el gobierno de Pastrana, el irme del país en exilio por las amenazas de muerte. Ello obviamente fue acumulando una serie de sinsabores, pero nunca he dejado de creer que la política es el instrumento más importante para transformar la sociedad. Insisto, para mujeres como yo es muy complejo porque nos caricaturizan y ridiculizan nuestras posturas. Y terminan desfigurando nuestras ideas y debates. Mi papel en las liberaciones, en vez de catapultarme, indujeron un odio hacia mí. Y eso lo demostró un juez de la República que obligó al Estado a indemnizarme y pedirme perdón por la campaña de odio y desfiguración de mi personería política, que tuvo lugar en el gobierno de Álvaro Uribe, y que también fue una campaña contra las mujeres.

O sea, si usted hubiera sido un hombre en la política con las banderas de mujeres, afro, comunidad LGBTI y paz, ¿no habría pasado nada de lo que vivió?

Diría que hubiera sido elegido como el mejor político, no solo del país, sino del mundo. Tendría acreditaciones y reconocimientos. Es absolutamente claro que no es lo mismo la política para los hombres que para las mujeres, habrá excepciones como el caso de Jorge Eliécer Gaitán.

Si hubiese sabido todo lo que iba a vivir, ¿se presentaría de nuevo a la política?

No hago futorología política, pero lo que sí creo es que se requieren una reformas estructurales para la participación política y las elecciones, para dar garantías, no solo a los partidos, sino a la sociedad.

¿Qué mujer dentro del Congreso admira?

Hay una invisibilidad muy grande de las mujeres en el Congreso. Las que son visibles son las que forman parte de un establecimiento que hoy conduce y maneja el poder político del país. De ellas no dejo de reconocer a María del Rosario Guerra. Del Partido Liberal no sabría decir quién y eso no tiene que ver con la capacidad o no de las mujeres, sino que el partido contiene esas participaciones. De las alternativas, está Angélica Lozano.

¿Qué piensa de la expresión de “vieja esta” del presidente con relación a Aída Avella?

Esa expresión no es otra cosa distinta que la caracterización que los hombres piensan de las mujeres. Aída Avella es una mujer que se ha jugado su vida por la política y eso le costó vivir en el exilio más de 20 años.

¿Y recuerda cuáles eran las expresiones con las que se referían a usted?

Yo era la vieja loca, la vieja esa que no sabía dónde estaba parada, a la que había que tomarle las fotos más fuera de lugar cuando estaba en debates tan duros como el que hice para lograr tumbar a Fernando Londoño, que robó acciones de Invercolsa. También recuerdo la portada en Semana con una foto mía y titulada Des-Chavetada.

¿Qué opinión le merece la llegada de Sandra Ramírez a la Mesa Directiva del Senado y sus declaraciones de que los niños llegaban por voluntad propia a las Farc?

La senadora Ramírez es en estos momentos una expresión importante, no se puede dejar de reconocer. El país jamás hubiera esperado que la excompañera del comandante Marulanda fuera miembro de la Mesa Directiva del Congreso. Y sobre su declaración, y hablo sobre lo que vi en mis recorridos por el país y la miseria que uno se encuentra, no es ningún descubrimiento que muchos niños aupados por sus mismos padres se unen a la guerrilla. Ahora, eso no quita el hecho de que haya ocurrido violencia sexual contra las mujeres y que tampoco hubiera habido una política de reclutamiento. Quiero dejar eso claro.

¿Considera que las Farc están contribuyendo con lo que se espera al sistema de verdad, justicia, reparación y no repetición?

He estado en la JEP hablando de las liberaciones y de mi secuestro, pero no puedo profundizar en las Farc, porque no he estado en las audiencias. Lo que creo es que ellos no pueden pensar que muchos de los delitos que se cometieron no se pueden saber, no se pueden reconocer. Esto porque es importante, para la memoria histórica del país, saber qué pasó, con el fin de que estos hechos no vuelvan a ocurrir. En la medida en que no hagan ese reconocimiento, va a ser muy difícil la reconciliación.

¿Cómo evalúa al Gobierno en la implementación del Acuerdo de Paz?

El presidente Duque no tiene ninguna voluntad con Acuerdo de Paz, entre otras cosas, porque él no diferencia entre el Estado y su gobierno. La política de paz fue una política de Estado, no de una persona que en su momento fue Juan Manuel Santos. El hecho de desconocer los Acuerdos, de tratar de eliminar la Comisión de la Verdad, de privilegiar a unos sectores por encima de otros, pues evidentemente da cuenta de que el presidente lo es solamente para el sector al que él pertenece. Hay que reconocer que ellos ganaron el plebiscito de manera muy estrecha y que el “no” reflejó pensamientos y haberes de un sector de la sociedad, pero fue una campaña direccionada con mentiras y por eso tampoco logró consolidarse. En ello hay que decir también que el presidente Santos tuvo mucho que ver porque jamás hizo una campaña que le dijera a la gente lo importante que era el Acuerdo de Paz para Colombia. Es muy lamentable que haya una disidencia que se vuelve cada vez más fuerte en las regiones y que eso deja prácticamente en el suelo al Acuerdo de Paz. También es reprochable que cada cual se pare sobre sus propios conceptos, es el caso de desconocer al Eln con el que se debería de avanzar en las conversaciones para una negociación. Sí, han ocurrido hechos repugnables como el de la de la Escuela Santander, pero que precisamente hay un interés por lograr una concertación para un mínimo de acuerdo humanitario

¿Le reconoce algo al presidente Duque?

Creo que no hay Gobierno y hay una ilegitimidad que se refleja específicamente en el caso de la financiación política por parte del narcotráfico. Obviamente, sería muy importante una Fiscalía y un Consejo Nacional Electoral independientes que den cuenta de lo que fue ese proceso eleccionario. Veo que el presidente muy arrodillado a la doctrina Monroe de EE. UU. A ello se le suma una campaña agresiva de privatización de derechos, de venta de los bienes del Estado, como por ejemplo Ecopetrol, ISA que son instrumentos acumulados de trabajo del país, y lo hace fundamentalmente para favorecer la explotación aurífera en el país y de los recursos naturales.

¿Cómo ve a su partido eterno?

En el país hay liberalismo, más no Partido Liberal, porque se ha convertido en una especie de agenciamiento de intereses burocráticos y contractuales. Su participación es vergonzosa porque se camuflan y les da pena decir de frente que apoyan “x” cosa. Un director, padre del neoliberalismo e iniciador de la privatización de la salud con la Ley 100 que fue recogida por Uribe, y que tuvo a su hijo en un momento director de Planeación y que se habla de que su hija será la próxima ministra de la Cultura. ¿No les da vergüenza? Mucha gente ha renunciado porque no le dieron puestos, como Rafael Pardo que tiene agenciamiento en el gobierno distrital. Muchos de ellos no les importa más que estar en el poder.

Hay quienes dicen que hizo el anuncio del retiro por la supuesta amistad que tiene con Álex Saab…

Ni lo calculé ni lo pensé. Fue una coincidencia inoportuna, pero no tengo nada que temer. Si bien es cierto que lo conozco, como lo he dicho muchas veces, a mí no me une ningún contrato, acuerdo o negocio con él, ni tampoco con nadie en Venezuela. Si hubiera tenido un negocio con él, como lo reveló hace poco un medio con Paloma Valencia (quien habría negociado con un socio de Saab), ya estuviera en la cárcel por ser yo.

¿Fracasó el proyecto de Hugo Chávez en Venezuela?

No sabría decir entonces cuál es el fracaso de Colombia como nación cuando el país ocupa el segundo lugar de miseria y pobreza en América Latina. Son cifras de la Cepal que dan cuenta de la absoluta desigualdad imperante en el país. Fui amiga de Hugo Chávez y conozco al presidente Nicolás Maduro, y tengo capacidad de discernimiento: ¿un bloqueo tan brutal con el que le quitan los recursos a un país por el hecho de que no se advienen al modelo económico del Grupo de Lima o a la Doctrina Monroe? Vuelvo a Colombia, en donde no les importa brincarse la Constitución y traen tropas extranjeras dizque a adiestrar a los militares colombianos, muchos de ellos implicados en violaciones a los DD. HH. A mí el cuento de la dictadura no me dice nada porque aquí hemos llegado a topes máximos de un exterminio a líderes sociales, de un genocidio a excombatientes de las Farc.

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