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La mugre bajo la alfombra

Cecilia Orozco Tascón

Va siendo hora de que sepamos la verdad sobre la renuncia obligada y el consiguiente retiro del servicio activo del general Juan Carlos Buitrago, exdirector de la Policía Fiscal y Aduanera, Polfa, pese a ser uno de los mejores oficiales de Inteligencia del Estado. Su historia, que aún no se ha contado como es, ha vuelto a atraer la atención de columnistas y medios porque se cruza, en algunos capítulos de su persecución a las lavanderías de activos y el contrabando, con el barranquillero Alex Saab, supuesto testaferro del presidente de Venezuela; con uno de los abogados de Saab; con un expresidente de la República y hasta con el actual mandatario y su ministro de Defensa. Esa historia, que el general no ha querido revelar tal vez por la enormidad de los poderes ocultos que tendría que enfrentar —ahora sin la protección de la institución a la que sirvió—, también interesa a las agencias de seguridad de Estados Unidos que están presentes en Cabo Verde con la misión de llevar a Saab a territorio norteamericano para exprimirle los secretos que conoce de Maduro y sus supuestos secuaces, de una parte del establecimiento colombiano y de algunos de sus protagonistas, elevados a esta categoría por la prensa que se conforma con el registro de noticias y la banalidad social. Investigadores y columnistas de la talla de Gerardo Reyes, de Univisión (Miami), María Jimena Duzán, de Semana, y Yohir Akerman, de El Espectador, dedicaron sus recientes textos al “intocable” Saab que “tejió una vasta red de corrupción… con el incremento artificial del valor de contratos, importación ficticias, cobro por bienes y servicios no prestados y sobreprecios en comida” subsidiada por el régimen del vecino país. Pues bien, el funcionario que investigaba, al lado de agentes norteamericanos, cómo operaba la maquinaria delictiva liderada por el socio de Maduro era el general Buitrago. Pero mientras este avanzaba en los descubrimientos sobre el entramado criminal de Saab, el prestigio de su carrera era sometido a un torbellino de chismes y tráfico de influencias ante el gobierno Duque.

En los despachos más altos de la Policía consta que varios meses antes del retiro de Buitrago, el Ejecutivo estaba pidiendo su cabeza y que, como premio de consolación, le iban a ofrecer un cargo en el exterior. Finalmente, el general renunció por dignidad pero sin bajar la cabeza: en su carta afirmó que “los principios no se negocian”. María Jimena recuerda que cuando su relevo se produjo, se comentó que el retiro del alto oficial se debía a la presión de Abelardo de la Espriella, abogado y amigo del extraditable Saab; abogado y amigo, simultáneamente, del expresidente Andrés Pastrana, de la vicepresidenta Marta Lucía Ramírez y del ministro de Defensa y superior jerárquico de Buitrago, Carlos Holmes Trujillo. (Imagínense: el general iba tras Saab cuyo apoderado era el mismo del ministro Trujillo).

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