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Madrid notifica cada día más positivos de coronavirus que la mayoría de las comunidades, pero en la lista de brotes está a la cola. Es una clasificación no oficial, ya que el Ministerio de Sanidad no la da a conocer; la confeccionan los medios conforme reciben información de los Gobiernos regionales. En Madrid no se comunicó el primero hasta el 3 de julio y, con uno nuevo que ha reportado este miércoles, son cuatro los registrados. Cuatro con la tercera mayor población del país (6,6 millones de habitantes), con las mejores comunicaciones con el resto de España y siendo la comunidad donde la epidemia impactó con más fuerza. Hay dos preguntas que se hacen los expertos consultados y que inquietan también a los propios técnicos de Sanidad: ¿de dónde salen cada día esos 30, 40, 50 positivos nuevos? ¿Por qué no se agrupan en focos?

Pablo Linde | Isabel Valdés | El País

Lo que podría parecer una buena noticia, la de que no hay brotes, es en realidad mala: la Comunidad no consigue completar un rastreo lo suficientemente profundo como para encontrar vínculos entre los positivos. Se produce un goteo constante de diagnósticos en hospitales en personas que van a operarse, de trabajadores de empresas que hacen cribados, sanitarios… Pero después no se encuentran contactos que configuren lo que oficialmente se califica como brote: tres o más casos con vínculos fuera del ámbito familiar o uno solo en residencias de ancianos.

La Consejería de Sanidad argumenta que los casos son de carácter familiar y leves. Esa sería la razón por la que hay tan pocos brotes, porque no responden a la definición. Pero esto no explica quién contagió a esa familia. Según varias fuentes consultadas, tanto de atención primaria como hospitalaria y de los servicios de salud pública de la propia Comunidad, eso se debe a que los rastreadores no dan abasto.

Llegan tarde y no disponen del suficiente tiempo para hacer su trabajo en profundidad. Es algo que sucede en mayor o menor medida en toda España: por cada positivo se rastrea una media de cuatro contactos, cuando, según Helena Legido-Quigley, experta en salud pública, en otros países ese promedio es de 14. Los números de Madrid demuestran que aquí el problema está agravado.

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