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La familia incompleta

En la casa de Nelly López, hermana de “Bambi”, hay un mural dedicado a la familia que cada año era actualizado. Desde el asesinato, el mural no ha sido reemplazado. También quedó detenido en 2018. “Es duro porque la familia quedó incompleta… pero le voy a decir algo, este niño –dice Nelly apuntando al hijo de “Bambi”– es quien nos ha sostenido. Él ha tenido una fortaleza increíble, que ha impedido que nos quebremos. Criar a alguien del linaje de mi hermano es lo que llena nuestro vacío”.

Wilfredo Miranda y Carlos Herrera | Divergentes

La rebelión de 2018 contra Daniel Ortega en Nicaragua se saldó con una matanza que dejó 328 muertos. Tres familiares de las víctimas de aquella sangría explican cómo es vivir con el peso del dolor y superar un vacío tan lleno de rabia e indignación. “Es difícil resignarse cuando no hay justicia”, lamentan. Estas son las historias de quienes se rehúsan a hundirse en el olvido.

En definición, un vacío no contiene nada. Pero los vacíos que dejó la represión policial y paramilitar, desatada por el gobierno de Daniel Ortega y Rosario Murillo a partir de abril de 2018, sí contienen algo: rabia, impotencia, dolor y una resignación que los familiares de las víctimas fatales no logran conseguir en la medida que persiste la impunidad en Nicaragua.

Son vacíos complejos porque albergan una amalgama de sentimientos potentes que se niegan a estar menos vivos en las casas que las víctimas habitaron. Perviven en sus pertenencias, en sus muebles, en esas pequeñas cosas que, como canta Serrat, dejó un tiempo de rosas: En un rincón, en un papel o en un cajón.

Evocaciones constantes cruzadas por la tragedia: para Susana López cuando ve el sofá vacío en el que Gerald Vásquez dormía. Ardor para Candelaria Díaz al ver la silla vacía en la que regañaba a Carlos Manuel Díaz. Y un inventario tan pesado que Erick Antonio Jiménez López le dejó repentinamente como herencia a su hijo.

Estas son algunas de las historias y dificultades emocionales con las que lidian los familiares de las víctimas de los crímenes de lesa humanidad en Nicaragua.

El sofá de Gerald

El sofá en el que Gerald Vásquez dormía en Managua cuando asistía a la universidad. El joven fue asesinado por paramilitares el 13 de junio en la iglesia Divina Misericordia. El sillón enano, con la esponja apachurrada y la madera magullada, está arrinconado en el pequeño porche. Pareciera que el mueble, marcado por el desgaste, está confinado al desuso. En realidad son pocos los que se sientan en el sillón desde que Gerald Vázquez fue asesinado. El mueble evoca a Gerald, el “chino”, un joven estudiante y bailarín de folclore que, pese a tener cama en la casa de su abuela, prefería tumbarse en el sofá hasta quedarse dormido por las noches.

El cuarto que Gerald no pudo construir

Susana López, madre de Gerald Vásquez, muestra el sitio exacto donde el joven estudiante de ingeniería civil planeaba construir su cuarto. Gerald sacó un técnico superior en construcción, luego de que junto a su madre y hermanas construyeron con sus propias manos una humilde casa en la comunidad ‘La Ceibita’, en Tisma, Masaya. La familia logró erigir la vivienda gracias a un proyecto de unos gringos, quienes les regalaron los materiales de construcción bajo la condición que las familias la levantaran.

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