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Los militares guatemaltecos cargan una nefasta herencia de sangre. Aunque dejaron de dar golpes de Estado, y han tenido altibajos en torno al poder, en realidad nunca lo han soltado. Con el gobierno de Jimmy Morales acentuaron su influencia expulsando a la CICIG, y ahora el gobierno de Alejandro Giammattei nombra asesor a un mayor que intentó dar golpe a Vinicio Cerezo. Entre otras cosas, existe la constante tentación de militarizar la policía

Por Luis Ángel Sas | Divergentes
@luisangelsas

En 1986, el abogado Vinicio Cerezo se convirtió en el primer presidente civil en llegar al poder en Guatemala después de 30 años de gobiernos de militares o bajo el poder del Ejército. Fue el inicio de la época democrática moderna en Guatemala. Sin embargo dos años después, en 1988, un grupo de militares y civiles intentaron dar un golpe de Estado a Cerezo, pero fracasaron. Hasta la fecha, es la última vez que el Ejército intentó tomar el poder por la fuerza.

El cabecilla de aquel movimiento fue el mayor Gustavo Adolfo Díaz López quien fue detenido por las fuerzas leales al gobierno y después expulsado del Ejército. En el 2019, 31 años después, reapareció y ahora es uno de los principales asesores en seguridad del presidente Alejandro Giammattei, quien tomó posesión el pasado mes de enero.

El ejemplo de Díaz López muestra como oficiales y ex oficiales del Ejército han buscado estar cerca del poder político sin involucrarse de lleno, como si lo hacían entre lo años 1950 y 1980, cuando los militares ganaban elecciones adulteradas o daban golpes de Estado.

Desde Vinicio Cerezo Guatemala ha tenido 9 presidentes electos: sólo uno de ellos fue un militar. No cualquier militar. Se trata del general retirado Otto Pérez Molina quien fue el representante del Ejército en la firma de los acuerdos de paz con la guerrilla firmados en 1996. Él formó su partido político y en el 2011 fue electo mandatario de la nación. Sin embargo, no logró terminar su período al ser detenido acusado de montar una red de corrupción en aduanas, instancia dónde recibió millones de dólares para dejar pasar mercadería sin pagar impuestos además de recibir sobornos por obras. El caso fue conocido como “La Línea”.

Retomando poder

Debido a las múltiples violaciones a los derechos humanos por parte del Ejército durante los 36 años de la guerra interna (se documentó que realizaron más de 45 mil asesinatos, torturas, desapariciones, detenciones ilegales y violaciones), las fuerzas armadas redujeron su poder en la década de los 2000. En el año 2004, el presidente Oscar Berger ordenó la reducción del 35 por ciento (unos 12 mil soldados y oficiales). Fue en esta época , post firma de la paz, cuando militares en retiro crearon empresas de seguridad. Hasta el momento hay 220 empresas que emplean a más de 42 mil guardias privados de seguridad.

“Los militares han tenido altibajos de poder, pero nunca lo han soltado. Han tutelado la democracia. Su participación en inteligencia ha sido alta y así logran estar siempre cerca del poder político porque son útiles”, explicó la defensora de derechos humanos, Helen Mack. Ella ha investigado al Ejército después que en el año 1990 dos oficiales de inteligencia asesinaron de 27 puñaladas a su hermana. Helen era una antropóloga que investigaba los desplazamientos de indígenas por parte de soldados.

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