Spread the love

El negocio alrededor del fútbol ha crecido tanto que el dominio de la disciplina deportiva se ha convertido en uno de los bienes más preciados de los grupos con más dinero en el globo terráqueo. China no se podía quedar atrás en esta competencia de poder y desde el 2014 empezó la pugna para conseguir ser el inversor más grande del fútbol mundial. Tanto así que las compras del gigante asiático en el fútbol europeo ya involucran a más de 20 clubes de las mejores ligas del mundo.

La inversión de los multimillonarios chinos no han dejado de ocurrir en los últimos años por todo el planeta. Se les encuentra como propietarios de clubes, sponsors de competiciones y empresas de servicios y materiales deportivos que se han instalado en una dinámica en la que hasta hace pocos años, no pintaban nada.

Analistas coinciden en que las inversiones de los chinos en fútbol, en su mayoría, siguen marcadas por la sombra de la duda pues no es raro pensar que parte de las decisiones empresariales van más mucho más allá del fútbol.

Esas compras compulsivas promovida por Xi Jinping han llevado a magnates chinos a invertir unos US$ 2500 millones en los últimos años en 20 clubes europeos, desde gigantes como el Manchester City y el AC Milan a equipos más pequeños como el FC Sochaux en Francia o el Northampton Town de Inglaterra.

Cuatro de los principales equipos en las West Midlands –Aston Villa, Birmingham City, Wolves y West Bromwich Albion, de la Premier League– son ahora propiedad china.

Los banqueros dicen que magnates como Guo Guangchang, de Fosun, se ocuparon de ganarse el favor de Xi, un fanático del fútbol, para ayudar a China a conseguir experiencia internacional necesaria para desarrollar el deporte en el país. En 2015, Xi lanzó un vasto plan para convertir a China en una fuerza del fútbol que corporice su idea de un “gran rejuvenecimiento” del país. Fomentar la influencia de China en el deporte más popular del mundo forma parte de una iniciativa más amplia para incrementar el poder blando del país y darle a China un lugar relevante en la escena mundial, según algunas publicaciones del portal de negocios Apertura.

El objetivo de Xi de hacer que el país más poblado del mundo pase de ser un rezagado del fútbol a un “gran país deportivo” es sumamente ambicioso. Quiere construir miles de escuelas de fútbol, organizar un Mundial y transformar la selección nacional, que figura actualmente en el puesto 76 en la clasificación planetaria, para que pueda hacer pie en el principal torneo internacional del deporte.

«De 2015 a 2017 hubo una fiebre del oro con el fútbol en China», explica Simon Chadwick, profesor de Economía y Deporte Eurasiático en la Escuela de Negocios de Lyon, quien agrega que «Si el gobierno (chino) quiere que algo ocurra, permitirá e incentivará a las empresas para que actúen en su nombre con nuevas normativas. Si hay algo que el Gobierno chino no quiere que suceda, implementará medidas para evitar que se haga. El problema es que esas medidas pueden ir desde negar una licencia a la desaparición de líderes empresariales chinos».

Por su parte, los profesores Aaron Smith y James Skinner, de la Universidad de Loughborough señalan que «la mayoría de estos inversores no se han involucrado en el fútbol porque estén interesados en él, sino para posicionar sus propios productos en nuevos mercados. Además, comprar un club europeo es una forma sencilla de sacar capital fuera del control de China».

El objetivo chino, además de sacar beneficio de una de las mayores máquinas de hacer dinero que se puede encontrar en el planeta como es el fútbol en Europa —solo comparable a competiciones estadounidenses como la NBA o la NFL—, es obtener los conocimientos necesarios para poder llevárselos a su propio territorio y desarrollar el potencial que le correspondería por su peso demográfico.

Cabe destacar que China, a pesar de ser el país más poblado del planeta, no se caracteriza por la buena calidad ni los buenos resultados de su fútbol. Y en el país asiático, conscientes del inmenso poder blando que tiene el fútbol, quieren ponerle remedio a esta situación. Pero antes deben conocer cómo se gestiona económicamente un club, cómo se trabaja la cantera y cómo se entrena y compite a alto nivel. Y para eso las ligas europeas no tienen rival.

Aunque la mayoría de inversiones han ido orientadas a clubes medios, lo cierto es que también se han producido adquisiciones en clubes muy potentes, como los dos de los gigantes de la liga italiana —Inter y AC Milan—, el Olympique de Lyon, el Manchester City o el Atlético de Madrid.

Ya Xi Jinping está recogiendo los frutos, pues la Super Liga china está haciendo de las suyas y en los últimos años ha logrado hacerse de los servicios de grandes jugadores no solo de Europa sino también de América.

En el último año, jugadores como el argentino Carlos Tévez, los brasileros Oscar y Hulk, o el también argentino Ezequiel Lavezzi se les ha visto tocar balones en Asia. Las mareantes ofertas también les han permitido reclutar a entrenadores como el chileno Mauricio Pellegrini, quien entrenó al Real Madrid, entre otros, el portugués Villas Boas, campeón de la Champions League con el Chelsea inglés o Poyet. Para esto, los gastos en fichajes desde 2010 han tenido que multiplicarse un 1.000% con respecto a la década anterior.

Según un informe de Marcadorint, «Hay un caso muy representativo de esta diversidad, el cual desarrolló el propio Simon Chadwick en el canal de Youtube Tifo Football, como es la inversión china en el fútbol africano. Un ejemplo de esto se vio en la Copa África de Gabón en 2017. Gabón necesitaba construir dos estadios para albergar la competición, y ambos fueron financiados y construidos por empresas chinas. Como parte del acuerdo, los presidentes del gobierno de Gabón y China se reunieron en Pekín antes del torneo y reforzaron sus relaciones comerciales. El 14% de las exportaciones de Gabón van ahora a China y son eminentemente petróleo crudo y manganeso, imprescindibles para la creciente industria china».

En 2019, repitieron la estrategia con la Copa África de Camerún, país exportador de petróleo, pero el comité organizador cabió la sede a Egipto, que no es exportador de combustible, sin embargo la empresa china Huawei se convirtió en patrocinador del torneo, en vistas a una futura implantación del sistema 5G en el continente. «Al final, para China, el fútbol no suele ser un fin, sino un medio para un fin mayor», insiste Chadwick.

“No todo va sobre cobre o petróleo”, puntualiza Chadwick, “la inversión en Southampton también tiene que ver con el aprendizaje futbolístico, son un club con fama por su sistema formativo. China puede aprender y beneficiarse de esta relación para potenciar su fútbol”. No hay que olvidar que uno de los objetivos del país es el crecimiento de su propia industria futbolística. Su selección, no obstante, no ha mejorado aún en términos de ránking FIFA estos años, e incluso ha llegado a bajar algún puesto.

Siga leyendo en Primer Informe

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *