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El caso del banquero venezolano Víctor Vargas Irausquín adquiere otra dinámica. Las acusaciones están a la orden del día. El Banco Central de Curazao quiere poner orden en la jurisdicción y el banquero casa un duelo de alto riesgo.

El banquero Víctor Vargas Irausquín dice que los activos del Banco del Orinoco de Curazao se situaban en enero en 1.165 millones de dólares. Pero el Banco Central de Curazao dice que la entidad tiene “muy pocos activos” mientras que “las deudas son considerables”.

El banquero Víctor Vargas apunta que al momento de la intervención, hace un mes, el Banco del Orinoco contaba con 55 millones de dólares en caja. Dinero contante y sonante disponible. El Banco Central de Curazao, que ordenó la intervención, señala que “la posición financiera” de la entidad “es deplorable”.

El abogado Robert Frans, natural de Curazao, que defiende a un grupo, 15, de clientes a los que el Banco del Orinoco no les devolvió sus depósitos que suman varios millones de dólares, dice que Víctor Vargas está obligado a probar, con hechos y no palabras, con hechos y no con comunicados, la existencia de esos 55 millones de dólares.

El banquero Víctor Vargas señala al Banco Central de Curazao de hacer mal uso de ese dinero, de pagar elevados honorarios a asesores legales, de no pagar a los empleados y de mantener cerradas las puertas del Banco del Orinoco. El Banco Central de Curazao hace suya la afirmación del tribunal de primera instancia de que Víctor Vargas entregó información falsa, documentos falsos, con el fin de sustentar “su posición financiera”. Grave señalamiento, sin duda.

El banquero Víctor Vargas admite que desde hace un año el Banco Central de Curazao tenía bajo supervisión al Banco del Orinoco, que la autoridad no entregó toda la información al tribunal, y que desvió dinero. El Banco Central duda del supuesto patrimonio financiero que defiende Vargas, y presentada a la autoridad reguladora y a los auditores por parte del Banco del Orinoco. En consecuencia, el tribunal de primera instancia ha declarado la bancarrota del instituto del banquero venezolano, Víctor Vargas Irausquín. El banquero tiene 8 días para apelar.

El Banco del Orinoco fue intervenido el 5 de septiembre. Dos días antes, la Asamblea General de accionistas de la institución había decidido liquidarlo, jugada hábil del banquero para enredar el escenario. Vargas dijo que contaba con un plan que permitiría que los depositantes recuperaran el dinero en 60 días. ¿Por qué no pagó antes? Habló entonces de haberes en un portafolio de inversiones. No dijo que había ese dinero contante y sonante, y tampoco habló de aquel monto de más 1.100 millones de dólares en activos. ¿Por qué no suministró esos números en la rueda de prensa que ofreció el 7 de septiembre? Vargas, entonces, soltó una cifra, 778 millones de dólares, que correspondía al volumen de negocios.

La intervención del Orinoco desencadenó un efecto en cadena en los bancos del grupo financiero BOD, Banco Occidental de Descuento. En Panamá la autoridad hizo lo propio con AllBank, y más luego en Venezuela, la Superintendencia de Bancos, Sudeban intervino el Banco Occidental de Descuento, la entidad central del grupo, medida que fue retirada horas más tarde. En Antigua después se tomaron precauciones en torno a BOIbank, lo mismo que en República Dominicana, donde el grupo es dueño de Bancamérica, y está siendo vigilado de cerca. Vargas viajó de urgencia a Santo Domingo a hacerle frente a la situación alertado de la renuncia del director externo de Bancamérica, Marcos Juan Troncoso Mejía, que alegaba se había ignorado una serie de recomendaciones como el desmontaje de un depósito de 25 millones de dólares con BOIBank de Antigua.

En este país, Vargas tiene amigos, inclusive es amigo del presidente de la República, Danilo Medina. En Curazao la situación es diferente. Luego de un conjunto de omisiones en el tema de la regulación, el Banco Central de Curazao está actuando esta vez con diligencia, tal vez para corregir las fallas del pasado, negligencia que ayudó a que la situación del Banco del Orinoco se extendiera en el tiempo. Vargas no viajó a Curazao. No le gusta Curazao. Desde que adquirió el banco hace más de una década, no ha visitado la isla más de dos veces, revela al diario ALnavío uno de sus ejecutivos de confianza. Y eso que en el grupo de Vargas decían que Curazao era una plaza estratégica, tanto que prefirió operar en Curazao antes que en Nueva York. La verdad es que en los Estados Unidos tiene prohibido operar bancos. Ahora señala que Curazao como jurisdicción no le interesa.

El abogado Robert Frans explica que el Banco Central actuó conforme a la ley, y que si Vargas estima, y tiene prueba de actuaciones fuera de lugar, le queda el recurso de pelear el caso en los tribunales de Curazao. “El sistema holandés no tiene nada de Mickey Mouse”, argumenta. “Él puede apelar hasta la Corte Suprema de La Haya”.

Los señalamientos anteriores indican el grado de confrontación al que se ha llegado en el caso Banco del Orinoco y Víctor Vargas Irausquín con las autoridades de Curazao. A esto se suma el amparo concedido por el Tribunal Supremo de Justicia de Venezuela a favor de supuestos clientes del Orinoco y Vargas, ordenándole a Curazao se abstenga de ejecutar acciones que pongan en riesgo los depósitos y los depositantes, más la solicitud de un arbitraje internacional por parte del banquero con el apoyo, según consta en el escrito, del 70% de los ahorristas. Por lo que dice, Vargas ha quemado las naves respecto a Curazao. No hay punto intermedio en lo que se dice. Si le preocupaba su reputación, esta ha quedado entredicho con los señalamientos del Banco Central de Curazao.

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