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No veo a un mesías ni a un superhéroe; no veo a un rebelde; no veo a un kamikaze. Veo a un servidor público que está haciendo su trabajo, y lo está haciendo bien. Y es que cuando haces las cosas bien, en un mundo tan viciado, pareciera que se estuviese a punto de concretar un milagro, pero es más sencillo. – Decir la verdad, hoy (2019) es de valientes, y eso sí veo: valentía. El aparato nacional se corrompió por doquiera, incluso con ayuda directa de gente que a todas voces gritó estar en contra de este proceso, pero que como toda aberración, llega el momento donde se hace ilegible, y automáticamente vulnerable ante la coherencia, que si bien hace menos ruido, es la que termina haciéndose amiga de una tierra amable como la nuestra. – “No es un problema de derecha o izquierda: es un problema de humanidad”, dijo Guaidó, y no se puede ser tan obtuso como para quitarle la razón a una idea que tiene años reposando en las mentes de quienes queremos un mundo coherente. Un dirigente que se atreva a incluir incluso al ‘enemigo’ para re-educarlo y tratar de brindarle otra oportunidad, siempre que no haya delinquido, es un dirigente inteligente, simplemente. – Nunca ha sido momento para idealizar. El fanatismo nos roba toda capacidad de análisis, y hoy se presenta un buen momento para arropar las vísceras y apegarnos a la coherencia, y a la constitución. – Un político que se presenta como un servidor público merece el respeto de todos, hasta de los que no estén de acuerdo. La única opción es hacerlo bien, porque sí y nada más. Y no por el bien de pocos; es por el bien de todos. – No veo a un mesías; veo a un político haciendo política.

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